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Los planes dietéticos y el aumento de peso

Para tranquilidad de quienes una, varias o muchas veces han empezado un régimen, queriendo perder peso y no lo han conseguido, debo decirles que el aumento de peso es un proceso natural, normal y por consiguiente inevitable, a no ser que sepamos qué lo produce y pongamos los medios para evitar que ese proceso se inicie.

 

El aumento de peso se produce por varios factores:

  • POR LA EDAD

A partir de los 30 años disminuye la secreción de la hormona del crecimiento, con lo que cada año perdemos ½ kgr. de músculo que es sustituido por ½ kgr. de grasa.

Un kgr. de músculo quema 46 calorías y uno de grasa 2; por lo que si continuamos comiendo igual y no aumentamos el ejercicio, aumentará el peso.

Además con la edad se produce una ralentización de los procesos metabólicos y las células adiposas, los adipocitos, frenan su capacidad, no de almacenar grasa, sino de utilizarla cuando el organismo necesita una sobredosis de energía.

Nada tiene de sorprendente, en este contexto, que con la edad se vaya produciendo un aumento de peso oculto y progresivo.

  • POR LA EVOLUCIÓN TECNOLÓGICA Y SOCIAL.

Desde el siglo XX se han generalizado una serie de inventos que han aumentado la comodidad y la inactividad de las personas: el coche, la proliferación de transporte público, la lavadora, la aspiradora, el ascensor… que han reducido la actividad física y las necesidades energéticas del organismo.

Hemos de compensar esta disminución de actividad que nos ha dado la tecnología, incorporando a nuestra vida ejercicios que nos sean fáciles de realizar, y cuanto más incorporados a la vida cotidiana, mejor.

Por ejemplo: no coger el ascensor, dejar el coche o el autobús a una cierta distancia; en definitiva seguir manteniendo la actividad que necesita nuestro organismo. Años atrás nuestros abuelos caminaban una media de 3.5 km. diarios; hoy en día, en ocasiones caminamos incluso menos de 500 m. en todo un día. La climatización hace que nuestro cuerpo no haya de aumentar su metabolismo para generar más calor, y si nos movemos menos y continuamos comiendo igual, nuestro peso de forma voluntaria e inconsciente aumentará.

  • LA POBREZA DE LOS SUELOS.

El empobrecimiento de los suelos por sobreexplotación y falta de diversificación en el cultivo, y los procesos industriales utilizados en el tratamiento de los alimentos, están eliminando nutrientes imprescindibles para el organismo que nos los reclama produciendo sensación de hambre, para que al volver a comer le suplamos ese déficit que tiene.

Si en la nueva comida le hemos proporcionado el elemento que le falta, no volveremos a tener hambre hasta 5 ó 6 horas más tarde; si por el contrario, no se lo hemos proporcionado, a los 2 ó 3 horas volveremos a tener hambre y se volverá a repetir el proceso.

Cuando comemos, el organismo toma de los alimentos los micronutrientes que precisa y los nutrientes necesarios para atender sus procesos de restauración y energía. El exceso, el organismo no lo desecha, sino que lo reserva para atender períodos de carencia. Y éste es el origen de muchas obesidades.

  • EL CAMBIO DE LOS HÁBITOS ALIMENTARIOS.

Ha cambiado nuestra manera tradicional de alimentarnos. Ha disminuido el consumo de legumbres secas ricas en fibra y ha aumentado el consumo de pasta, cereales y carne procesados. Se ha pasado de un consumo de 7 a 10 kgrs/año de legumbres a unos 2 kgrs; es decir, 5 veces menos. Y ha aumentado el consumo de bollería elaborada con la harina blanca y refinada a la que se le ha eliminado la fibra. Estos alimentos así procesados tienen un índice glucémico más elevado transformándose en azúcares con más facilidad.

Las pastas y los alimentos, cuyo componente principal son hidratos de carbono, al llegar al intestino delgado, son absorbidos por las vellosidades intestinales y conducidos a la sangre. El cerebro, al detectar el azúcar en sangre, se aprovisiona y estimula en el páncreas la producción de insulina que tiene la función de pasar los azúcares de la sangre al hígado y a las células musculares y almacenar el resto en forma de grasa en los adipocitos.

Unas 2 ó 3 h. después de redistribuir el cerebro los azúcares, vuelve a necesitar alimentos, con lo que despierta el deseo de comer al tiempo que produce somnolencia, cansancio, disminuye la agilidad mental y la concentración.

 

Hemos de proporcionar a nuestro cuerpo un concentrado de nutrientes y micronutrientes, de índice glucémico bajo, cada 2 ó 3 h. para evitar que se desencadene el deseo de comer.

 

El resultado es una pérdida de peso en forma estable, un estado de bienestar general motivado por el equilibrio de nuestras constantes orgánicas y la satisfacción de ver resurgir en nosotros ese cuerpo que tuvimos y deseamos recuperar.

 

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